Europa atraviesa una etapa marcada por incendios forestales más intensos y frecuentes, impulsados por temperaturas récord y condiciones climáticas extremas. Este escenario está obligando a aseguradoras, reaseguradoras y corredores a reevaluar profundamente el riesgo catastrófico en la región.
Diversos actores del sector coinciden en que el aumento de temperaturas no es un fenómeno temporal, sino una tendencia estructural que transformará la forma en que se modelan y se financian los eventos naturales. Las compañías anticipan mayores pérdidas económicas, incrementos en las primas y una mayor dependencia de mecanismos alternativos de transferencia de riesgo, como los bonos catastróficos y otros instrumentos vinculados al mercado de capitales.
Los incendios recientes en España, Francia, Grecia y regiones del norte de Europa evidencian que ya no existen zonas “fuera de peligro”. Incluso países históricamente menos expuestos enfrentan ahora condiciones de sequía, incendios cercanos a infraestructuras críticas y alertas de riesgo extremo.
Además del daño físico, los incendios generan pérdidas significativas por interrupción de negocio, evacuaciones y restricciones de acceso, incluso en áreas donde las llamas no alcanzan las propiedades. En temporadas anteriores, países como España registraron miles de millones de euros en pérdidas económicas, de las cuales solo una fracción estaba asegurada.
A medida que los modelos basados en datos históricos pierden precisión, las aseguradoras recurren a análisis prospectivos, escenarios climáticos y tecnologías avanzadas como detección satelital para anticipar eventos y alertar a los clientes. Sin embargo, estas herramientas no eliminan el riesgo subyacente, solo ayudan a gestionarlo.
En mercados como Francia y España, los incendios aún no están plenamente integrados en los esquemas públicos de compensación por desastres naturales, lo que complica la transferencia de riesgo y abre el debate sobre la necesidad de ampliar estas coberturas.
Con las pérdidas climáticas proyectadas a duplicarse cada ocho o nueve años, el sector insiste en que Europa debe priorizar la prevención y protección, no solo la redistribución de pérdidas una vez ocurridas. La adaptación al nuevo clima será clave para mantener la asequibilidad y disponibilidad del seguro en los próximos años.
Fuente: As Europe burns, insurers evaluate new catastrophe risks
