Grandes ciudades, grandes riesgos: Santo Domingo

Sustainable waterfront neighborhood with solar rooftops, wind turbines, and a coastal promenade

Santo Domingo, la primera ciudad colonial de América, combina un valioso patrimonio histórico con una intensa actividad comercial, financiera y turística. Este dinamismo también la expone a riesgos derivados de su ubicación geográfica en el Caribe.

Aunque la ciudad ha enfrentado episodios de delincuencia en zonas turísticas, el refuerzo de la seguridad ha reducido su incidencia. El país mantiene un crecimiento económico sostenido y, desde el 2013, la capital ha sido objeto de un programa integral de renovación urbana financiado por el Banco Interamericano de Desarrollo, que ha mejorado la calidad de vida y ampliado la oferta de alojamiento, la restauración y el ocio. La estabilidad institucional ha disminuido la exposición a conflictos políticos y sociales.

Sin embargo, la República Dominicana continúa siendo altamente vulnerable al cambio climático. El aumento de la frecuencia e intensidad de tormentas tropicales, inundaciones y otros fenómenos extremos afecta sectores clave como salud, agricultura, turismo e infraestructuras. Para el 2050, se prevé una reducción de la productividad laboral y mayores impactos en zonas costeras y ecosistemas naturales. En Santo Domingo, donde reside el 42% de la población del país, estos efectos serán especialmente significativos.

El calentamiento global también influye en el comportamiento de los huracanes, aumentando la energía disponible y la intensidad de las precipitaciones. La nación se encuentra en el corredor atlántico de huracanes, con una temporada lluviosa de mayo a noviembre. Eventos históricos como los huracanes David (1979) y Georges (1998) han causado miles de muertes y pérdidas económicas severas.

Las inundaciones son otro riesgo crítico. Las lluvias torrenciales provocan deslizamientos, desbordamientos de ríos y daños en infraestructuras. La densidad urbana de Santo Domingo genera microclimas como el efecto isla de calor, que intensifica la formación de nubes convectivas y lluvias extremas. Episodios recientes en 2022 y 2023 evidencian esta vulnerabilidad, agravada por el crecimiento urbano más rápido que el desarrollo de sistemas de drenaje.

Para enfrentar estos desafíos, en el 2024 se implementó el Plan de Adaptación a Inundaciones en la Ciudad Colonial, con medidas de captación de agua, drenaje por percolación y rehabilitación de calzadas para mejorar la permeabilidad del suelo. Además, el Gobierno ha reforzado la preparación ante emergencias mediante planes de contingencia actualizados, nuevas infraestructuras de vigilancia meteorológica, más de 2,700 albergues, protocolos con drones y sistemas de videovigilancia. El Centro de Operaciones de Emergencias (COE) coordina la prevención, respuesta y recuperación ante desastres, emitiendo alertas oficiales y articulando la acción de instituciones públicas y privadas.

Fuente: Grandes ciudades, grandes riesgos: Santo Domingo – MAPFRE Global Risks

Publicado por De Paz & Asociados, SRL

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