A medida que las temperaturas globales continúan aumentando, el seguro se posiciona como un mecanismo esencial para mitigar el impacto financiero del calor extremo. Según el informe Repensar la resiliencia frente al calor extremo (Rethinking resilience in the face of extreme heat) de Swiss Re, el riesgo asociado al calor funciona como una amenaza persistente que afecta a personas, infraestructura y sistemas económicos.
El verano reciente marcó récords históricos: Estados Unidos registró el periodo junio–agosto más cálido en 131 años, mientras que el Reino Unido superó los 37 °C y regiones del oeste de China alcanzaron casi 47 °C. Este fenómeno incrementa la mortalidad —estimada en unas 489,000 muertes anuales— y genera daños físicos, interrupciones energéticas, fallas en transporte y presiones económicas.
Ante este escenario, el seguro paramétrico para calor está ganando tracción como una solución ágil y transparente. Permite que comunidades, municipios y organizaciones respondan rápidamente cuando las temperaturas superan umbrales definidos, sin procesos de reclamación complejos. Programas como el de SEWA en India ya han brindado protección financiera a cerca de 50,000 trabajadoras expuestas a olas de calor. En Estados Unidos, iniciativas similares ofrecen fondos inmediatos para mitigar impactos en residentes vulnerables y servicios públicos.
Aun así, el seguro paramétrico tiene limitaciones: los pagos se activan por exposición al calor, pero no previenen el riesgo. Además, los disparadores simples no capturan completamente cómo el calor afecta a personas e infraestructura. Por ello, Swiss Re destaca que el seguro debe integrarse dentro de una estrategia de resiliencia más amplia que incluya refugios climáticos, programas de enfriamiento urbano y materiales resistentes al calor.
Cuando se combina con estas medidas de adaptación, el seguro paramétrico se convierte en un pilar importante para enfrentar un siglo marcado por temperaturas más altas.
